LO BIEN DICHO SE DICE PRESTO: Pudieron ser el Comelenguas de Nacaome o la evocadora historia del Lagarto de Oro de Piedra Blanca, los primeros colonizadores de su imaginación. “Gussi”, como cariñosamente lo llamaban sus padres, era un niño despierto, creativo a la par que perezoso; demorado en todos cuantos quehaceres se le encomendaban. Sus padres, Vicente, Amelia y el propio Gussi, fueron requeridos por el señor maestro. Don Dino, había mandado una redacción sobre la celebración del carnaval de la Ceiba. -Mientras sus compañeros llenaron al menos una plana, “Gussi”-, reprochó el maestro-, él apenas seis palabras-; es decir, no más de el doble de las que componían su firma en el margen inferior derecho de la hoja, donde rezaba: Augusto Monterroso Bonilla 2º grado. -Además- añadió el maestro-, se quedó dormido. Había ordenado la salida, y cuando todos sus compañeros ya se habían ausentado de la escuela, él seguía durmiendo profundamente. Ni el griterío de la muchachada, ni el correr de sillas, ni la loca búsqueda de prendas en percheros, nada turbó su plácido sueño, sino mi voz arrancándole hacia la vigilia-, se quejó Don Dino. Años más tarde “Gussi”, dando fé de aquel suceso escribiría: “CUANDO DESPERTÓ, EL DINOSAURIO AÚN ESTABA ALLÍ”.

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~ por mecachis en diciembre 14, 2007.

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