Poema: Eros y tánatos con epitafio

EROS ,TÁNATOS Y EPITAFIO 

EROS: 

En los cotos privados del alma

en las vedas abiertas de la carne

en los portales de la niñez oscuros

buscaba y me escondía, como un gorrión esquivo

un grumo nocturno

temblor de plumas entre la niebla.

Registré a ciegas

ausencias en el aire

perseguí lo errante de un nombre de  mujer

aún hoy caliente en el tamaño de mi boca.

Me lastimé los ojos

de mirar la prórroga de su imagen imborrada

y sobre la almohada, a menudo

reconstruía asedios y derrotas

material que la noche traía consigo

como restos de un naufragio.

Fui fácil adversario de la soledad

no sé si aliado

en noches preñadas de insomnio

en vigilias demoradas por el sueño.

En mis delirios de trashumante

ingresé en los porches nocturnos

descendí a los cubiles de la carne

y fui testigo de los míos y otros despojos.

Ya quedaron atrás  niñez y  portales oscuros de adolescencia

y aquél  polen primero involuntario

 en las angosturas de mis sábanas

 el olor a pecado de las alcobas

mi Eros desorientado en los Olimpos del estiércol.

Las polémicas sembradas entre las sienes y las ingles

se extinguieron como un saurio

los vestigios de besos y caricias

fosilizados

y aquellas otras inercias más cotidianas

como el rumor de la calle

el goteo incesante del grifo

la algarabía doméstica de la vecindad

la luz del cartel luminoso

vibrando en la vitrina de los licores

la sombra de un último vicio solitario derramado sobre mi vientre

flujo furtivo de un secreto tan escondido

como esas palabras que se eyaculan

sobre ese lúbrico y último renglón

o golpe de muñeca

justo antes de apretar el gatillo.

       TÁNATOS.

Ahora soy arcilla sí, pero arcilla subversiva

bajo esta tierra que me cubre, barro sin soplar

el mejor tributo que podéis rendirme

es el olvido.

No malgastéis vuestros rezos por mi alma

no veo las puertas de eso que anheláis cielo

de eso que teméis infierno.

Con un profundo sueño

saldaré mi deuda.

Aguardaré a que mis huesos sean ya

finísima ceniza y así poder huir

por este árbol cuyas raíces vienen a mi encuentro,

ascenderé por ellas hasta sus hojas.

Cerrad pues, ventanas

sellad bien las puertas no vaya a ser

que una brizna de mi mismo

se meta en el ojo de vuestros hijos

se pegue a las ingles de vuestras hijas

jugando inocentes en la arena

o se aloje en la palada

con que deis sepultura a vuestro hermano.

¡Qué gran contratiempo para esa bandera

que clave su mástil en las cenizas de quien

se esparce sin fronteras ni permisos

de quien mancha con matices gris-ceniza

su ondear en el cielo de azul mentira.

Sacrílego palio mi vuelo sin mengua

sobre las frentes  blanco y negro¡

¡Qué gran contratiempo, vuestro ego  lacerado

por la mansedumbre de un látigo de ideas

por la carne corrompida  en una cruz

que se yergue sin plegarias.

Ceñid bien los quicios de vuestras alcobas

cerrad ventanas y puertas

para que mis cenizas no oscurezcan vuestros mármoles

no manchen vuestros suelos encerados

no mancillen los pubis de leche

de vuestras hijas primogénitas.

 EPITAFIO 

Ellos tenían razón, al cumplir los cien años perdí el cabello

mi columna vertebral se secó como un río que se extingue

quedé completamente ciego y he terminado por morirme.

Qué razón tenían los curas, acerca del abuso de los vicios solitarios.

me arrepiento de corazón y prometo

no volver a tocarme…

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