Poema:Con todo el amor del que soy capaz, para mi compañera de viaje en la vida:Chusquita: Ahora sé que salí a tu encuentro esa noche

 AHORA SÉ QUE SALÍ A TU ECUENTRO…

Ahora sé que salí a tu encuentro esa noche aunque no te buscara.

Palpé con mis manos de ciego y te hallé como quien halla una última ternura.

Porque ya luchaba, ceñido al otoño

contra la depredación nocturna de las horas.

La tregua de la lluvia, había devuelto

a las plazas su respiración y su temblor humanos.

 En la calle antigua

acarreaban las muchachas sus perfumes

como flores sonoras de un jardín ambulante.

Ahora sé que salí a tu encuentro esa noche

Aunque no te buscara…

cómo podría imaginar

horas antes en la habitación del hotel

que hoy tu nombre en mis labios sería

su fricción sonora más dulce

que en andas de tu aliento iría mi nombre.

Fuimos víctimas  del azar

se nos escapó quizás el acento que nos delataba

mitades de una misma voz.

No hubo súbito amor  en aquel instante

en que el mar traía su aroma de algas y cortinajes de llovizna.

Hubo surco abierto, simiente

y conversaciones errantes

entre las farolas de la lluvia.

No hubo tormenta de pasión repentina

sino lluvia amable  empujando su

mineral empeño a través

de las oquedades de nuestro pecho

y nuestro amor  fue creciendo…

como el sólido embrión de las  estalactitas calcáreas.…

Ahora sé que salí a tu encuentro esa noche

aunque no te buscara…

desembarcaste en plena melancolía

cuando aún se cerraban las heridas de una derrota de amor

en mis ojos llevaba ocho años perdidos

y en mi rostro la lluvia de la madrugada.

Un zaguán tan largo tiempo a su pared pegado

 deja al retiralo

una huella palideciendo en el friso

 un húmedo negror en la tarima y telas de araña con que se tejen

cadenas y anclas.    

Pero ahora se que salí a tu encuentro esa noche

aunque no te buscara…

y  la huella del zaguán de mi derrota 

es ahora una ventana  con la luz del mar

y los óleos del cielo

y tu sonrisa fue de pronto

la  eclosión sonora de las vides.

En el pardo de tus ojos había la la rotundidad del avellano

y sería tu vientre,  invernadero

donde se propiciasen mis flores más hermosas.

Los vidrios rotos de mis ojos

resplandecieron como aves de cristal

ante el asombro de las palmeras.

Los puntos de sutura de mis labios

cifraron en tu frente la clave de un primer beso.

Una ráfaga balbuciente en mis labios de whisky

una  esquela de oro  alrededor de mi cuello

un número de teléfono que dejé en tu mano/

fueron las últimas infracciones.

El nudo de la distancia se trenzó luego y así concluyó el primer acto.

Tu voz, semanas más tarde,

a la otra orilla de mi  tarjeta Wodafone

y hablamos y fue enehebrandose a la aguja el hilo

Ahora  sé que salí a  tu encuentro esa noche

aunque no te buscara…

te hallé como quien halla una última ternura.

Yo quisiera que tus manos delicadas

y mis firmes manos

encendiesen hogueras

contra  las heladas de enero 

ascendieran juntas las esbeltas torres

de nuestras pequeñas ciudades

las despoblasen de  veletas

que hieren lo azul.

Yo quisiera

que el tenor del viento

nos confundiera el rumbo hasta la dicha

de perdernos en un naufragio  para siempre …

Ahora que tú también sabes que

saliste a mi encuentro esa noche

aunque no me buscaras…

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