Relato: Cuentus interruptus

“CUENTUS INTERRUPTUS” 

Sabía que antes o después se quebraría la cuerda… Le cuento esto, no a pesar de que sea usted un desconocido, sino precisamente por eso. A usted puedo, mejor que a nadie, sin ninguna clase de precauciones ni reservas…

Estábamos atados por la ilusión de vivir juntos, tener hijos y un futuro…Bueno, esto vino después. Antes, es decir; antes del amor, del error,  hubo todo lo bello. Todo lo que precede y procede  en los casos en que  ninguna etapa se quema, ninguna barrera se salta; nos pusimos de acuerdo en no invadirnos, no así, de pronto. Demoramos el asalto de los cuerpos más de lo que se espera en dos adultos sin dogmas, sin apellidos y además de izquierdas, izquierdas. En fin, hubo primera noche y hubo comienzos  y los dos brillábamos entre los anuncios y los cristales de los escaparates, ajenos a los músicos callejeros y a las chinas ambulantes que continuamente sonríen y agradecen con sus ojos disecados. Recuerdo cómo crujían los peldaños bajo nuestros pies   cuando bajábamos de la habitación 27 al café de la estafeta. Luego subíamos calle arriba, atardecíamos entre los árboles y los malvones del patio del Sirio y nos daba por la revolución y por Cuba y tomábamos las maletas correligionarias  para viajar sin conciencia del tiempo ni de los pueblos. Libres por dentro y por fuera, para vivir, para amar…Todo esto fue antes, mucho antes de lo del pasaporte, y  de lo del patriotismo de los cojones  de aquel nacionalista de escarapela, ya sabe, el amigo del que dicen “El Chacal”. En la hora que me hice cargo de  su Jeep. Me lo pidió por favor, porque él tenía que viajar a Asia. Algo relacionado con sus negocios de telas. A Perla y a mi, nunca nos entró aquel chulo con aires de perdonavidas, pero las circunstancias obligan más allá de las intuiciones y Perla le debía mucho, o al menos así lo creía ella.

El caso es que tuve que hacerlo. Era o él o yo. O lo que hubiera sido peor, Perla. Como sabe, me entretuve esa noche en la escalera de incendios, reparé en el hecho de que Vicent, el acomodador traía recado al almacenista de preparar la nave para el sábado por la noche. Y esta vez no, Perla no arriesgaría su vida por la codicia de un sujeto tan sin escrúpulos. Ninguna elección parecía decisiva, hasta que a  media  tarde, llegó Perla con el rostro desencajado y el corazón en un puño. Así se liquidaron, de pronto,  todas las dudas que hasta el momento detuvieron mi voluntad y mi mano. Espero no omitir ningún dato que a usted pudiera serle útil para comprender con total nitidez las ruinas sobre las que se levanta mi crimen y mi venganza. Como le decía cuando a media tarde Perla llegó hecha un manojo de nervios  y con la  mirada triste y ensombrecida y negando una y otra vez mis sospechas por miedo a mi reacción, entonces me perdí, o es que a usted, mi querido desconocido, no le hubiera ocurrido lo mismo, ¿qué hombre, en mi situación no se hubiera perdido? Y entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Lo ví allí, sentado en su sillón de terciopelo, cebado como un cochino, oí mi nombre salir de sus labios mezclado con el humo de un cigarro puro y mi nombre se hundió como un barco fantasma en medio de la niebla. Pude haber retrocedido lo sé, pero de pronto sus ojos me hicieron hervir la sangre del corazón, noté que me temblaban las manos, pero no así mi decisión que era firme como una sentencia, en esos momentos mi conciencia se nubla y se pierde, cuando la lámpara ya volaba hacia la sien de aquel miserable…Más tarde, una patrulla me arrestaba, y se ejercitaba en un interrogatorio tenaz, luego un largo corredor con luces blancas y escaleras y otro corredor más estrecho y escaleras más hondas y renuncia a cualquier maniobra de resurrección. Aquellos hombres seguían a los cabestros del protocolo como miuras irredentos sus voluntades huérfanas aniquilaban cualquier duda. Había dejado de ser un individuo para ser un sujeto invadido. En este preciso instante salía Perla por el lado izquierdo con la flor púrpura en el pelo, esa era la señal,  y siguió  el que dicen “E Chacal” por el derecho y por ambos lados comienzan a desfilar  miembros de la patrulla con sus huérfanas voluntades, y el amigo del dicen “El Chacal” al que minutos antes yo mismo había dado muerte, con el rostro aún ensangrentado y la sien hendida de la concha salió el apuntador con su cartapacio de folios y sus lentes de media luna y el desconocido depositario de mis confesiones  y yo mismo  nos levantamos para unirnos al resto de los actores. Nos enlazamos por las manos  y así permanecimos en silencio unos instantes, interrumpiendo de forma inesperada la representación. Alguien en la fila séptima del patio de butacas  una explicación. Me adelanté unos pasos y le puse al corriente de nuestra intención de hacer una huelga interrumpiendo la representación como protesta contra el impago de salarios al que la empresa nos tenía sometidos con largas y promesas incumplidas. Hubo pitos, abucheos, quejas, aplausos solidarios, algún objeto; algunos la rebasaron, otros permanecieron en el ámbito flexible de la frontera, cada cual según cada cual…Después del escándalo en el teatro, nos despedimos de los compañeros de reparto y decidimos irnos a dormir. Perla y yo nos entregamos en un largo paseo a la dulce lluvia de la noche de Abril. Estábamos atados por la ilusión de vivir juntos, tener hijos…

Sabía que antes o después se quebraría la cuerda… Le cuento esto a usted . Quien mejor que un desconocido para confesar los pecados sin la vergüenza y la culpa que siempre añade el concurso de los afectos.


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